Todos los años realizo mentalmente una lista de propósitos para cumplir este año. Supongo que como todo el mundo. Que si voy hacer más deporte, que si voy a comer más sano, que si voy a mejorar en mis estudios, e infinidad de objetivos más que a las dos semanas ya he dejado de hacer porque choco con la realidad del día a día. Supongo que como todo el mundo.
Pero este año aquí nos encontramos, día 2 de enero y yo escribiendo algo. Sin hábito y sin talento. Pero con necesidad. Necesidad de una vía de escape. Esa en la que cada uno deja de lado ese personaje que lleva consigo desde que amanece hasta que vuelves a dormir. Día tras día. Año tras año. Siempre presente.
A veces nos aprieta tanto que sientes que te estrangula con un alambre, otras está tan holgado que apenas puedes notarlo. Pero sigue presente. Dispuesto a retenerte si intentas escapar.
Parece triste ¿Verdad? incapacidad de mostrarnos en esencia por miedo, muchas veces infundidos, otras solo propios.
Pero como en todo, hay esperanza. Algo que nos afloja el agarre, que nos hace ver que no estamos tan jodidos como pensábamos y que podemos salir. Unas veces tiene forma de lugar, otras veces hacemos un deporte para despejarnos y otras veces se transforma en determinación. Determinación para ponerle fin a esa situación y tirar hacia adelante. Así que no sé cuanto tiempo duraré escribiendo. Probablemente poco. Pero el tiempo que dure vamos a disfrutarlo.
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